Por David Gallardo (servicios de TI)
A principios de la década de los dos mil leí por primera vez el planteamiento de un filósofo que cambió mi manera de entender la capacidad humana de inteligir. Como parte de un ejercicio de lectura comprensiva, el docente nos pidió leer un ensayo basado en los escritos del filósofo vasco Xavier Zubiri (1). ¡Vaya ejercicio! Con el paso de los años, no puedo menos que reconocer, con respeto y admiración, a este intelectual por el importante aporte que realizó sobre la forma en que los seres humanos tenemos nuestro primer contacto con la realidad.
A diferencia de la filosofía clásica —que plantea que el acto de aprehender comienza cuando los humanos captamos una representación o imagen de la realidad a la cual posteriormente asignamos un juicio—, Zubiri sostuvo que, por medio de nuestros sentidos, aprehendemos la realidad tal como es en su radicalidad. Es decir, tenemos una primera impresión de la realidad misma. Este planteamiento es desarrollado en su obra bajo el concepto de la “aprehensión primordial de la realidad”, que constituye el nivel primario de la capacidad humana de inteligir (2).
Sentir la realidad no es una “simple aprehensión”, como lo define la filosofía clásica; es una “aprehensión primordial”, es decir, el acto mismo de inteligir. Por tanto, sentir y entender conforman un único acto en dos momentos, al que Zubiri denomina “inteligencia sentiente”.
No es mi objetivo adentrarme en el debate filosófico. Aún no me considero a la altura, ni con la capacidad intelectual suficiente para hacerlo. Sin embargo, retomo este tema —que se ha convertido en un fundamento filosófico relevante para la educación— con el propósito de reforzar una opinión personal que sostengo desde hace más de veinte años: la capacidad de inteligir es propia del ser humano.
Y las computadoras, ¿tienen sentidos? Para que la respuesta fuese afirmativa, estas tendrían que ser biológicamente capaces de percibir la realidad y de ser conscientes de ella. Sin embargo, no puede afirmarse algo así ni siquiera de “El Capitán”, considerada actualmente una de las computadoras más poderosas del mundo (3). En los próximos años estarán a nuestro alcance humanoides conectados a miles de sensores que les proporcionarán abundante información sobre su entorno. Pero serán sensores, no sentidos. No podrán tener experiencias sensoriales que se conviertan en “aprehensión de la realidad”, pues para ello se requiere conciencia.
Llegado a este punto hago una aclaración: personalmente creo en las bondades de la llamada “inteligencia” artificial; de hecho, utilizo su asistencia tanto en el plano laboral como en el personal (la imagen que ilustra este artículo de opinión fue generada por ChatGPT ;). Sin embargo, considero importante tener meridiana claridad sobre el alcance real de este concepto.
La capacidad de sentir y comprender la realidad es, y seguirá siendo, propia del ser humano. Es un don divino que nunca tendrán los ordenadores, aun cuando lleguen a alcanzar velocidades de procesamiento de miles de millones de operaciones por segundo.
Mientras la tecnología avanza en su capacidad de procesar datos, el ser humano sigue siendo el único capaz de aprehender la realidad, de sentirla como real y de responder a ella con conciencia y responsabilidad. Recordar esta diferencia no es oponerse al progreso, sino situarlo en su justa medida.
(1) La obra de Zibiri se consolida en más de 30 títulos que están disponibles en Alianza Editorial
(2) Los pensadores Inmanuel Kant y Friedrich Nietzsche plantearon filosofías antagónicas sobre este tema, el cual los académicos denominan “el problema del conocimiento”.
(3) https://asc.llnl.gov/exascale/el-capitan
(4) Equivale a un QuettaFLOPS (1030). Una computadora con esa capacidad aún no existe. La actual supercomputadora alcanza velocidades de 1018 operaciones por segundo, es decir, ExaFLOPS.
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