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¿Cómo pagas tu consumo en el mundo digital?

¿Ya te diste cuenta que cada vez que usas una aplicación gratuita o pagada, participas en una transacción comercial? Sí, todas las aplicaciones necesitan de ti para sobrevivir, necesitan de tus recursos. Así que si abres una cuenta en Facebook, Tik Tok, Instagram, Gmail o cualquier otra aplicación estás iniciando un intercambio económico. Aunque no pagues en efectivo te encuentras en medio de un negocio en toda regla. Esto es más notorio en aquellas aplicaciones que te piden abrir cuenta como usuario usando un correo electrónico u otro medio para identificarte. ¿Pero cuál es la transacción comercial si no hay desembolso de dinero como sí lo hay en Spotify o Netflix? El tipo de transacción que efectúas es, según se dice, la forma más antigua de intercambio de la humanidad. Hacemos una pausa aquí para que tomes en cuenta lo siguiente: desde que la humanidad vive en comunidad existen las Redes Sociales, estas no son un invento del siglo XXI.  Lo innovador de este milenio es llevar esas redes al mundo digital. Dicho esto, podemos decir que cada vez que te vuelves usuario de una aplicación en tu celular o en la web, la transacción comercial que efectúas es el trueque. 

¿Y cuáles son los términos y condiciones de ese intercambio en el mundo digital? ¿Qué recurso es el que tú otorgas para hacer uso de los beneficios y bondades de una aplicación? Bueno, haces entrega de un recurso mucho, mucho, más valioso que el dinero: entregas tiempo. Sí, pagas con tiempo todas las aplicaciones gratuitas de la web o de tus dispositivos. ¿Y las aplicaciones pagadas? Esas las pagas el doble: con dinero y con tiempo. Las aplicaciones te necesitan. Viven de tu tiempo. Necesitan que entregues tu tiempo. Así es como se completa la transacción, intercambias tu tiempo por el uso de la aplicación. Sí, la base del intercambio es tu tiempo. 

¿Te imaginas entonces cuál será la base del desarrollo de la mayoría de aplicaciones? Las redes sociales, aplicaciones de productividad, el correo electrónico, aplicaciones de música, de películas, de juego, etc. todas están hechas sobre la base de un único concepto fundamental: tiempo. Están hechas para que pases la mayor parte del tiempo pegado a ellas, ese es el motor que las mueve. Clásico ejemplo: Tik Tok te ofrece vídeos más cortos que la mayoría de vídeos de Youtube por que entre más cortos sean, más querrás ver.  Otro ejemplo: Twitter desplazó a los blogueros por los tuiteros ¿cuál es la fórmula? es el microblogging que son solo 280 caracteres máximo. Es una trampa. Te crea una falsa sensación de informarte rápido porque es poca lectura. Entonces ¿vas a leer menos y usarás menos tiempo? ¡No! Pasarás más tiempo del que pasabas pegado a tu blog habitual. Porque caerás en la trampa de conocer más contenido de diferentes personas pensando que es de lectura fácil y rápida. Así puedes terminar enganchado y pasar horas y horas leyendo tuits y retuiteando hasta el amanecer. Pero ten cuidado, te recomiendo que no veas Twitter antes de dormir.

Las redes sociales, desde Facebook, Instagram, Snapchat, Tik Tok hasta cualquier otra que venga a tu mente, necesitan de tu tiempo para sobrevivir. Por otro lado, en aplicaciones como Netflix, Spotify, Youtube Premium, tu pago es doble: pagas con tu tiempo y con tu dinero (la tarifa fijada en valores monetarios). 

¿Qué ganan las aplicaciones al secuestrar tu tiempo con sutilezas? Al menos dos cosas muy importantes: tu atención traducida en minutos y horas dentro de la aplicación. Esto se traduce en más abundante conocimiento de ti, de tus hábitos, tus gustos y tu forma de consumir. Todo ello se convierte en aportes que las empresas digitales ocupan para alimentar el algoritmo lo que a su vez le da poder. Lo segundo que hacen es bombardearte de publicidad a todo momento. Cuanto más tiempo pases en una aplicación, más tiempo estarás expuesto a la avalancha publicitaria y tu subconciente ordenará la hamburguesa que no tenías planeado comprar. O los zapatos, o el perfume, o la película. Publicidad dura y pura, pero camuflada, vestida de contenido digital. Ejecutas la orden de compra de lo que viste en Facebook o de lo que el influencer te ofreció en Instagram y ¡boom! negocio redondo. 

Si reconoces que inviertes por dos vías cuando usas una aplicación, será tiempo de que, además de presupuestar la tarifa mensual de tus aplicaciones pagadas, hagas un presupuesto de tu tiempo a la hora de usar cualquier aplicación tanto pagada como gratuita. Hacer un presupuesto del tiempo debe ser una prioridad para ti. No lo entregues sin medida en el mundo digital. Te arriesgas a llegar a destiempo a tu cita con la vida.

¿Y tú qué opinas? ¿Cuál crees que sea la moneda de cambio que las aplicaciones desean sustraer de sus usuarios? ¿Crees que las empresas desarrolladoras de aplicaciones han encontrado una mina de tiempo en los consumidores millennial y centennial? ¿Qué acciones puedes tomar para que tu recurso más valioso no sea drenado hacia el mundo digital? Por favor déjanos abajo tu comentario y dinos cómo todos podemos aprender a hacer valer nuestro tiempo.

Crédito imagen: Alarme Vecteurs par Vecteezy

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2 Comentarios

  • Elizabeth Luna

    Una vez más todo fue sensacional gracias, la verdad es que todos gastamos mucho tiempo en redes sociales, y a veces no nos damos cuenta porque las horas parecen minutos ahí, y el artículo nos hace reflexionar el ello, felicitar también por animarnos a crear nuestro presupuesto de tiempo, eso es algo nuevo, todos presupuestamos dinero líquido (usualmente), pero no en lo más importante inversión tiempo, difícilmente lo hacemos, gracias por animarnos a mejorar los hábitos de organización.

  • Carmen Rojas

    «Un presupuesto de tu tiempo». Bien dicho. A mi me sirve mucho hacerlo a la antigua: en papel o a lo sumo en un archivo de Word. Un horario tipo escuelita. De lunes a domingo desde la hora que me levanto a la hora que me acuesto. Me gusta saber en qué se me va el tiempo. Amo mi tiempo, es mi vida.

    PS. Buenísima selección de la imagen del inicio del tema.

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